• Decimonónicas

Discurso

Pronunciado por la señorita Carolina Poulet al ingresar


Collage a partir de una litografía sobre cortes de cabello publicada en El Álbum de la Mujer. [Decimonónicas. CC BY-SA 4.0]

Señoritas:


Me habéis llamado a vuestro seno, a mí, pobre planta parásita en el desierto de la vida.


No quiero saber por qué me llamáis. Al venir a vuestro lado, ni me enorgullezco creyéndome capaz de cumplir con la misión de que tiene que encargarse la persona de nuestro sexo que se atreve a pisar los umbrales literarios, ni una falsa modestia abre mis labios para deciros que no me creo acreedora al honor que me hacéis, nombrándome vuestra consocia.


Antes que vosotras, he probado todo lo que hay de amargo en la gloriosa carrera de la literatura, y sé que el mundo generalmente no tiene para la mujer, que anhela derramar el torrente de ternura que Dios ha puesto en su alma, sino sarcasmo, indiferencia y desprecio.


Amargada mi vida por la experiencia que de esto tengo, habíame resuelto a retirarme al silencio de mi hogar, en donde, encendiendo en inteligencias más oscuras acaso que la mía las pocas luces que he podido adquirir de mis maestros, he hallado una fuente inagotable de dulces emociones. Me habéis llamado y vengo. Vosotras tenéis fe, tenéis maestros distinguidos; entre vosotras hay muchas que pueden ser un día la gloria del suelo patrio. Yo sólo vengo, por lo mismo, a reanimarme en vuestro fuego y a adormirme en la ilusión de que llegará para vosotras un día en que el mundo diga: "Las Hijas del Anáhuac son sabias, prudentes y virtuosas, y por ellas su patria tiene hijos que como ellas la honran, y la hacen grande, feliz y venerada".



C. Poulet


Las Hijas del Anáhuac, 11 de enero de 1874

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