La lección

Refugio Barragán de Toscano
En una baja colina,
do blanda el aura se mece,
y el junco risueño crece,
se hallan Delmira y Antón.
—Vamos, di,
—dice el doncel aturdido—
¿la lección has aprendido?
—Así… así…
—¿No estás segura, Delmira?
Voy a darte otro repaso…
—No, que el sol está en ocaso
y es… bien larga tu lección.
—¿Larga? No;
¡si es al contrario tan breve
como ése tu pie de nieve…!
—¡Qué ficción!
—Es la lección (no lo olvides)
que, al preguntarte si me amas,
si por mí llanto derramas,
si suspiras por Antón,
digas: “¡Sí!”.
Y al preguntarte, perdona,
si otro hombre tu amor abona…,
digas: “¡No!”.
Con mucha gracia y donaire
dijo la joven que haría
lo que el buen Antón decía;
mas éste un viaje emprendió,
y no sé
si el viaje fue por capricho
o para probar lo dicho…
¡Él se fue!
Pasó un año, tornó el joven
y preguntó a su Delmira:
—¿Por mí tu pecho suspira?
¿Te has acordado de Antón?
—¡Ay!, ¡no, no!
—¿Es que por otro deliras,
que por otro hombre suspiras?
—¡Ay!, ¡sí, sí!
—¡Esa lección no es la mía!
—dijo Antón en sus enojos.
—No por cierto: de otro ojos
y otros labios la aprendí.
—¡Pobre Antón!
¿Creeréis que murió sin duda?
No, señor, hubo una viuda
que aprovechó su lección.

Diario del Hogar. Año VII. Núm. 173. México. 5 de abril de 1888. p. 2.



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